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Buscando Cambio Cultural

 

La Sociedad Actual

En una época en donde la búsqueda de placer, el facilismo, el alto nivel de estrés, el clima de competitividad, la carencia de límites familiares, la sociedad del bien-estar, los padres hiper-dadores y asustados, el derrumbe de modelos de rol significativos y la alta disposición de tecnologías de consumo que dan respuesta a necesidades personales, generan un contexto de expresión globalizada de un modelo único de diversión juvenil conformado por mandatos que dicen:

-  Hay que experimentar todo para poder saber

- Hay que alcanzar el máximo placer en el menor tiempo posible.

- Solo es divertido si hay alcohol, drogas y sexo.

- Si no perteneces a este sistema juvenil eres un tonto.

- Para poder pertenecer a este sistema debo ser delgada, sensual, coqueta, de “mente abierta” o arriesgado, liberado, con el rol de “soy muy loco” y despreocupado.

En una sociedad que busca desesperadamente el bien-estar por encima del bien-ser, crecieron generaciones que han recibido hasta lo no pedido, victimas inocentes de padres con mandatos del tipo “debo darles todo lo que yo no tuve para que no sufran”, muertos del miedo por perder el afecto que tanto necesitan en medio de las grandes soledades de nuestra sociedad actual, evitan poner límites que generen algún conflicto o la posibilidad de ya no ser tan queridos por sus hijos, padres con culpa por priorizar la búsqueda de dinero y prestigio por encima de sus hijos y que tapan dicha culpa con objetos materiales o peor aun, con dinero porque ni siquiera hubo tiempo para comprarles algo. Adolescentes educando adolescentes y aspirando a ser “amigos” de sus hijos, dejándolos huérfanos y abandonados, y excusándose en frases trilladas como “Son cosas de la adolescencia” o “Yo también lo hice y aquí estoy vivo”.

Una generación de pequeños “gerentes del mundo” que no aceptan límites y consideran que el mundo les adeuda y por ello pueden pasar por encima de cualquiera. Una generación que recibe las consecuencias de transición de una cultura en donde la capacidad de amar se sexualizó, la capacidad de trabajar se hipertrofio para dejar de ser un medio para un fin y convertirse en el fin último, y la capacidad de sufrir y enfrentar la adversidad se convirtió en evadir la dificultad a toda costa, dejando en consecuencia un caldo de cultivo llamado vacío existencial, terreno fecundo para la búsqueda exagerada de elementos que intenten llenar este vacío valorativo a través de elementos fugaces pero contundentes (Alcohol, drogas, promiscuidad, compras, apuestas, adrenalina…), como si fuera un simple dolor de cabeza que se intenta eliminar con una aspirina.

La búsqueda de placer, la diversión, lo lúdico ha sido parte de la historia de la humanidad, enfrentándonos en la actualidad a un nuevo modelo configurado por una serie de tribus urbanas con sus propios uniformes, que en busca de la identidad de la adolescencia rozan con los límites del riesgo, quedando en algunos casos entrampados en problemas que no siempre son de adicción pero que si se relacionan con eventos dolorosos que pueden acontecer bajo el efecto de una sustancia.

 

 Que hacer frente a este modelo?


Un contexto histórico y social construido durante varios años y apoyado por múltiples refuerzos familiares y culturales no es fácil de cambiar; sin embargo, la necesidad apremiante de disminuir las consecuencias directas (adicción, daño físico y psicológico…) e indirectas (relaciones sexuales bajo efecto de las sustancias, accidentes de tránsito, peleas…) exige en los padres y en los educadores un cambio de visión, un cambio de mirada que permita resignificar la postura asumida ante el consumo de alcohol y drogas, para poder así generar movimientos que modifiquen el espíritu de la época y desarrollen nuevas formas de relación con las sustancias, con el mundo y consigo mismos.

 Tal vez uno de los principales obstáculos para desarrollar este cambio de visión, sea la tendencia general a evaluar la experiencia del otro a partir de la propia experiencia, juzgando de esa manera que las acciones que llevan a cabo los jóvenes no tendrán mayor repercusión, pues las mismas también fueron llevadas a cabo en la juventud de los actuales adultos. Lamentablemente los tiempos han cambiado y seguirán cambiando, lo que ayer se hizo con tranquilidad hoy no es igual, pues la estructuración de la personalidad, la concepción y dinámica familiar, el cambio de la educación de la voluntad por la motivación, los nuevos medios de comunicación, la disponibilidad económica, la tolerancia y la permisividad social, así como un sin número de características hacen que definitivamente no se pueda juzgar la repercusión de ciertas acciones a partir de las consecuencias que se tuvieron o no se tuvieron unas décadas atrás, argumento que le brinda al actual padre de familia toda la autoridad para exigir cambios, colocar reglas y regular comportamientos con independencia de si en su propia juventud se llevaron a cabo las mismas o parecidas acciones.

Por ello, es importante generar estrategias que faciliten el cambio de las características del modelo hegemónico de diversión, es decir, colocar normas claras ante el consumo, lo que se aprueba y lo que no se aprueba, recordando que entre a más temprana edad se inicie el uso de sustancias mayor daño para la persona; trabajar por disociar el binomio alcohol/diversión generando espacios familiares o celebraciones en donde no se consuma la sustancia y pueda demostrarse y modelarse que la misma no es necesaria para divertirse, y que tan solo es una opción entre tantas otras; de igual forma, monitorear la relación que se tiene con el alcohol y determinar que tanto altera a los adultos, en el sentido de averiguar si solo a través de su consumo se pueden hacer cosas que son cotidianas y normales en un adulto bien desarrollado (bailar, entablar conversaciones, desestresarse…) o si se necesita de la sustancia para poder moverse en el mundo, pues dicho ejemplo es supremamente contraproducente para la percepción de riesgo, la actitud favorable y las creencias positivas asociadas al uso del alcohol. Definitivamente hay que mantener una posición clara frente al alcohol y las drogas, previendo una disminución del riesgo a través del aplazamiento de la edad inicial para su consumo, así como evitando que los hogares (núcleo especial para el desarrollo sano) se conviertan en pequeñas licoreras o que los niños y adolescentes sean utilizados para comprar bebidas alcohólicas, conducta ilegal y lamentablemente a veces fomentada por los padres.
 

 

Características de Riesgo
 


Al interior del modelo se vive un ambiente de normalización, en donde nada es lo suficientemente loco como para asombrar, tal vez se escuche un solo “Esta un poco frito”, pero todo sigue igual.
Consumidores de drogas y no consumidores comparten escenarios de diversión con la única diferencia en la elección de las tecnologías que utilizan para saciar sus mandatos.
A continuación se exponen algunas características que conforman este modelo de diversión que ha empezado a generalizarse:


Baja percepción de riesgo:
 
Entendida como el nivel de identificación del peligro o no peligro de llevar a cabo una conducta, considerando el consumo de alcohol no solo como algo normal, sino como algo necesario, y el consumo de marihuana y éxtasis como algo cotidiano que supuestamente “Todo el mundo lo hace”. Ahora bien, la baja percepción de riesgo de esta forma de diversión no está relacionada exclusivamente con el consumo de sustancias, allí entra el manejo de la sexualidad (y todos sus juegos de cuartos oscuros, apuestas…etc.) y las conductas de riesgo asociadas a riñas callejeras, competencias automovilísticas, etc.
 
Actitud favorable hacia el consumo o hacia la conducta de riesgo: 
 
Valorándose las sustancias o las demás conductas de riesgo como elementos favorables para el propio sujeto.

Creencias positivas acerca de las consecuencias del consumo o conducta:
 
Teniendo el convencimiento de que los resultados de consumir tal sustancia o de llevar a cabo tal conducta serán positivos para sí mismo y su relación con el entorno, y descartando la posibilidad de tener algún problema con ello.
 
Alta percepción de accesibilidad hacia las tecnologías del modelo de diversión (sustancias, juegos sexuales…):
 
Con una identificación alta de lo fácil que es acceder a estos elementos y un amplio conocimiento de donde hacerlo.
 
Bajo nivel de influencias normativas:
 
Entendido como la percepción que tiene el sujeto de lo que las personas o instituciones significativas aprueban que realice o no realice, siendo aprobado casi todo o por lo menos no es manifestada su desaprobación, que para efectos es lo mismo.
 
Baja percepción y experiencia de sentido:
 
Percibiendo valores relativizados y subjetivos que mueven a la persona a actuar de un modo u otro ante las exigencias del modelo de diversión, estructurando la coherencia personal y la identidad de una manera superficial y vaciada de sentido.