Diversas investigaciones empíricas, permiten afirmar que la adicción está ligada a una situación de falta de sentido de vida (Noblejas, 1998, Martínez, 2003), Es decir, que las consecuencias de la opción adictiva son siempre de vacío existencial, y viceversa, que las consecuencias del vacío existencial son la opción adictiva (Cañas, 2004), como forma de refugio ante la frustración existencial (Lukas, 1990).
El humo del cigarrillo contiene más de 4000 sustancias, las cuales producen efectos nocivos múltiples sobre todo el organismo. Entre 40 y 50 de estos compuestos son reconocidos como agentes productores de cáncer y pueden agruparse en las siguientes categorías: hidrocarburos, nitrosaminas, aminas aromáticas, aldehídos, carcinógenos volátiles y elementos radioactivos.
El alcohol se conoce también como etanol y alcohol etílico. El consumo de bebidas alcohólicas se inicia con los albores de la historia, al principio con líquidos fermentados de relativamente baja concentración alcohólica. Las primeras referencias datan del año 8000 antes de Cristo, con el consumo de hidromiel (una especie de cerveza elaborada con miel fermentada).
La influencia del alcohol en las primeras culturas puede inferirse del hecho de que los egipcios, los griegos y los romanos rindieron tributo al dios del vino, “Baco”; los romanos llamaban a su vino “elíxir vital” y creían que podía prolongar la vida indefinidamente.
El proceso de destilación fue descubierto en el siglo VII por un médico árabe, Fahzes, de quien procede el nombre de la sustancia al-kohl. Algunos creyeron que el licor producido era medicina y lo llamaron “agua vital”.